Habló una ex monja y crece la polémica

Tras la denuncia de ANALISIS sobre las torturas y sometimientos que padecen las carmelitas descalzas en el convento de Nogoyá, Valeria, una ex monja de la congregación de hermanas discípulas, brindó un desgarrador testimonio sobre las situaciones que le tocaron vivir.

Refirió que en los claustros se vive “una manipulación de conciencia a través de las citas bíblicas y de la palabra de Dios” y contó que “la culpa que uno siente todo el tiempo, con la idea de que nunca será querido por Dios, y por ello debe hacer cosas indecibles para que Dios lo mire con cariño”. “La manipulación de conciencia no se da de un día para el otro; es lenta, son pequeñas enseñanzas que uno va creyendo” y “aunque Dios nos dio la conciencia, la voluntad y la capacidad de decisión, en nombre de Dios la anulan completamente y uno pasar a ser como robots”, señaló. “Hablamos de un manipulación tan grande que te lleva a querer matarte dentro de un convento”, admitió con la voz quebrada en llanto y relató el modo en que pudo liberarse de los tormentos: “Me tuve que escapar, tuve que abrir la puerta y salir corriendo; pero después un sacerdote amigo me quería convencer para que vuelva. Si yo volvía me terminaba suicidando dentro del convento”.
En declaraciones realizadas al programa A Quien Corresponda (Radio De la Plaza) Valeria relató la dura experiencia que atravesó en los casi 20 años en que fue monja de la congregación y destacó que “desde hace tiempo aparecen publicaciones donde se ponen a la luz muchas cosas que la Iglesia tapó durante mucho tiempo” y definió que “para quienes hemos vivido esas cosas es muy impactante”.

“Esto que les está pasando” a las monjas de Nogoyá “yo también lo viví y por suerte alguien ahora está haciendo algo”, admitió y a la vez reflexionó: “Sé que para muchos católicos debe ser muy fuerte, lo deben negar y hasta se deben revelar contra esto y satanizar. Pero cuando alguien quiere algo lo cuida; si yo quiero mi casa la quiero limpiar y tener bien, y dentro de la Iglesia católica hay muchas cosas que limpiar, y me parece bien que salgan a la luz porque hay que verlas y solucionarlas, no tapar la mugre debajo de la alfombra”.

En cuanto a las similitudes de su experiencia con lo sucedido en el convento de Nogoyá, Valeria sostuvo que “hay una manipulación de conciencia a través de las citas bíblicas y de la palabra de Dios. Las enseñanzas en base a la culpa que uno siente todo el tiempo, que se siente un pecador y que nunca será del agrado de Dios y por eso debe hacer cosas indecibles para que Dios lo quiera y lo mire con cariño”.

Aclaró que “la manipulación de conciencia no se da de un día para el otro, es lenta, son pequeñas enseñanzas donde uno va creyendo realmente que a medida que pasan los días más impuro y más pecador es, y que hay que hacer cualquier cosa para poder agradar a Dios”.

Agregó que “Dios nos dio la capacidad de conciencia, la voluntad y la capacidad de decisión, que en nombre de Dios y por el voto de obediencia las anulan completamente, pasando ser como títeres o robots” y en ese marco dijo que “es mentira que rezás, porque no estás ni físicamente ni psicológicamente en todas tus facultades en la libertad para hacer una entrega de oración a Dios. Es mentira, porque te sentás, repetís y sentís que te vas muriendo por dentro”.

“A eso nadie lo ve. Es muy fuerte escuchar obispos o sacerdotes justificando todo en las reglas. Ellos tienen otra vida, no saben lo que pasa adentro de un convento ni saben lo que viven las hermanas en los conventos. Mientras van a visitar los conventos y ven a las monjitas sonrientes que les sirven y los atiende; creen que son felices, pero ni siquiera les interesa ni se lo cuestionan, porque las monjitas son descartables porque dentro de la Iglesia las religiosas son lo que se hecha de lado, no se le da la importancia”, cuestionó.

Habló de “maltrato, humillación y presión psicológica” y refirió que “llega un momento en que uno no sabe cuál es la verdad” y contó que “a un año de haber salido, hoy hay cosas donde se me confunde cuál es la realidad”.

Ante ello, dijo “entender lo que están pasando las hermanas de Nogoyá y sé por el infierno que van a pasar las religiosas que siguen saliendo de ese tipo de congregaciones, ya que les va a costar mucho adaptarse a la sociedad porque otra de las cosas que aprendemos es que todo lo que está fuera del convento es satánico: familia, seres queridos, conversaciones, música, y no es así. Al final terminamos viviendo más tiempo con Satán que con Jesús dentro de los conventos”.

Sobre las explicaciones que dio el arzobispo de Paraná, Juan Alberto Puiggari, refiriendo que el uso de látigos y cilicios está dentro de las reglas de la congregaciones y que su uso es voluntario, Valeria aseguró que “no tienen los pies sobre la tierra”. “No es el primer obispo que escucho decir este tipo de cosas. Cuando yo empecé a denunciar me miraban y me decían que ya había pasado y que me tranquilice y no haga lío. Y esta es la misma posición de minimizar las cosas y dejarlas pasar, cuando en realidad hablamos de un manipulación de conciencia tan grande que te lleva hasta a querer matarte dentro de un convento”.

“Cuando nosotras pasamos por congregaciones de este tipo no tenemos una verdadera formación de la doctrina católica, es mentira que haya una formación, mientras los arzobispos sí la tuvieron, se prepararon y estudiaron una cantidad de años, el Vaticano los nombró y son las pastores del pueblo, y sin embargo dicen estas cosas. No podemos tener esas tapaderas en los ojos siendo católicos, de tapar y no resolver las cosas”, analizó.
“Si fuera un obispo con los pies en la tierra, debería decir no tenía lo que estaba pasando, se me escapó de las manos y lo voy a solucionar, pero evidentemente sí lo veían, no hacían absolutamente nada, no les importaba, y por eso no hacían nada”, definió. “Si es una práctica medieval el uso del silicio, no les parece raro que aún se use, quisiera ver qué tipo de cilicio usa el obispo”, se cuestionó.

Con la voz quebrada en llanto, Valeria intentó explicar por qué se mantuvo casi 20 años en este lugar: “Te pasan muchas cosas por la cabeza, tenés miedo a la condenación, sentís que le estás fallando a Dios; porque además todo el tiempo te lo están diciendo, te dicen que te falta rezar, que te falta convertirte, y te salís de tus limites porque estás convencida de que si decís basta estás fracasando en todas las áreas de tu vida, estás fallándole a Dios, te estás condenando y no vas a llegar al cielo”. “Dentro de una congregación lo tenemos tan incorporado y no tenemos otro objetivo en la vida que llegar al cielo”, agregó.

“Realmente no sé por qué y hasta el día de hoy me sigo preguntando qué me pasó por la cabeza, porqué aguante tanto tiempo y porqué me creí tantas mentiras”, señaló, aunque también explicó que “también es una falla familiar, porque cuando no hay afectos ni vínculos familiares, o nos criamos solos, cualquiera de estos perversos nos manipula y le creemos”.

“No hemos tenido bases firmes, dialogo y afecto en la casa, la estima que te consideren parte de una familia, eso también influye mucho. Estas situaciones y estos conventos son producto de una familia y una sociedad enfermas. Pero todavía me sigo preguntando por qué no reaccioné antes”, reflexionó.

“Uno está como adormecida y sé lo que cuesta despertarse de estas cosas. Por eso creo que la gente que está capacitada debería ayudar a que estas cosas no pasen más, y no que nosotros como sobrevivientes de un tsunami tengamos que arrastrarnos pidiendo ayuda”, señaló.

El escape
Valeria recalcó que “cuando uno sale y pide auxilio y ayuda, a la misma Iglesia no le importa” y también sostuvo que “es una locura” lo que sucede cuando alguna de las religiosas quiere salir del convento congregación.

En ese marco, contó el momento en que pudo librarse de la situación. “Yo me tuve que escapar, tuve que abrir la puerta y salir corriendo literalmente. Gracias a Dios tenía un sacerdote amigo, a quien conozco desde la adolescencia a quien le conté lo que estaba viviendo y le pedí por favor que me ayude, y entonces él me mandó su chofer para poder escapar”.

“Tuve que escapar así, el chofer me esperó en la puerta y yo tiré las maletas en el auto y salí, pero incluso cuando llegué a la parroquia, el sacerdote amigo me decía que ya iba a pasar, que Dios iba a arreglar las cosas y me quería convencer para que vuelva”, relató.

“Y entonces había momentos en que yo dudaba y le daba la razón, hasta que por momentos reaccionaba y me daba cuenta que no estaba bien y que no podía volver, porque había llegado a una situación límite y si yo volvía me terminaba suicidando dentro del convento”, reveló.

El ingreso

La ex religiosa admitió que “hubo un cambio abismal” entre el momento de ingresar a los 23 años y el discurrir de los años dentro de la congregación. “Yo no tenía un sentido de vida, muchas veces me despertaba y no tenía ganas de vivir; no sabía qué hacer de mi vida, estaba muy sola, y en ese contexto conocí a un grupo de oración de señoras donde fue a predicar el fundador de esta orden que si bien no me cayó bien, decía que estaba formando una comunidad”, recordó.

“Al conocer la comunidad en los primeros días encontré a un grupo de chicas en las mismas condiciones que yo; eran 23 en ese momento de las cuales hoy quedan dos. Nos llevábamos muy bien, había mucha fraternidad y empezamos a misionar casa por casa hablando de Dios, tratando de ayudar a las personas y así uno sentía que podía hacer algo por los otros. Lo que no podíamos hacer por una misma, nos dábamos cuenta que haciéndolo por los demás le encontrábamos sentido a la vida”, reseñó.

“Estando cerca del fundador empecé a encontrar un sentido a la vida, me levantaba contenta. El primer tiempo era felicidad, alegría, rezábamos todos juntos y luego comenzaron a suceder cosas dentro de la comunidad que comenzaron a tergiversar esa vida fraterna, de golpe empezaron reglas muy pasadas y el lavado de cabeza de que todo era voluntad de Dios”, sentenció.

“Las veces que quise salir y que planteé irme me rodeaban y me convencían porque quería hacer las cosas bien, quería ser obediente, y así me pasó la vida”, contó.

Un mensaje de esperanza

Dijo entender la situación que estarán viviendo las religiosas del convento de Nogoyá ante esta nueva situación que viven y explicó: “Cuando salí había momentos en que caminaba por la calle y me escondía detrás de un árbol porque tenía la sensación de que el fundador me estaba esperando. El miedo es tremendo porque te lo van metiendo dentro de la cabeza, pero no existe. Estas personas perversas son muy débiles, es mentira que tienen fuerza y que tienen el poder que ellos mismos nos enseñaron que tenían durante tantos años”.

Por otra parte, señaló que “el ir venciendo estos pequeños miedos te abre los ojos y te das cuenta que hay gente que te apoya, que te hace dar cuenta que no estamos locas, que lo que vivimos está mal y se tiene que resolver”.

“Es tal el cansancio mental, psicológico y físico que uno tiene, que al salir piensa en seguir adelante y no saber más nada, pero lo que me motivó a continuar a llegar a la Justicia es pensar en los que se quedaron adentro. Porque hubo muchas que salieron y siguieron su vida sin importarles más nada de nadie, y no tuvieron la valentía de denunciar y por eso uno vivió lo que vivió. Hay que pensar que uno puede evitar ese sufrimiento en otros”.

“Es difícil, hay que vencer muchos miedos, pero son fantasmas porque cuando te das con la realidad, la historia es otra. No por un sentimiento de redentorismo, pero Dios nos utiliza a nosotros como instrumentos para decir basta”, refirió.

“Es cuestión de respirar profundo y entrar a la guerra, porque ésta es la verdadera guerra espiritual, que es muy distinta a la que nos enseñaron adentro del convento. Esta es la guerra donde uno tiene que combatir con sus propios miedos, los fantasmas y una estructura de catolicismo arcaica”, concluyó.

3 Comments

  1. Silvina ronchi

    26 agosto, 2016 at 6:51 pm

    Que tremendo este relato.Dios mío, porque el ser humano puede ser tan perverso. Pobres monjas realmente pobres monjas.

  2. dora beatriz haller

    27 agosto, 2016 at 2:11 am

    Concuerdo con la ex monja….

  3. ELVIRA ALARCON

    27 agosto, 2016 at 5:53 pm

    que bueno te felicito se fuerte DIOS te ama y no estas sola pero bueno hoy el SEÑOR te hizo libre y te uso para.esto
    ..te abrazo en el SEÑOR .

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