Crece la polémica por los concursos de belleza

Keili González, oriunda de Nogoyá fue convocada para integrar el jurado de la elección de la reina provincial del carnaval, sin embargo la joven decidió no ser parte del evento organizado por la municipalidad de Victoria.

Entre los motivos a dicha negativa González, quien fue reconocida en 2015 por su lucha en favor de la diversidad sexual y los derechos humanos por el INADI, pone en cuestión la esencia misma de los concursos de belleza y profundiza el debate sobre si el Estado debe seguir avalando estas prácticas discriminatorias y violentas.

En diálogo con InfoNogoyá, habló sobre su decisión de no participar en la convocatoria aduciendo los siguientes motivos: “Primero, para mí la belleza no es un hecho objetivable y calificarla en sus múltiples instancias, teñidas como fundamentos para tapar el hecho real que es la evaluación de la mujer por su belleza, es un desorden de la realidad”.

En este sentido, la periodista dijo que la sociedad debe comprender que en un concurso de belleza lo fundamental es el cuerpo humano, concretamente el cuerpo de la mujer, al que se lo evalúa, puntúa, se lo cosifica. Luego añadió: “Estas conductas han sido históricamente llevadas a cabo por los hombres bajo la cultura hegemónica, patriarcal y machista, reducir con todo aquello que no pueden controlar, proyectándose así la idea de la mujer como un objeto, un marco mental que evidentemente está vinculado a este tipo de concursos y  que proviene de esta cultura que estigmatiza a la mujer”.

En cuanto a la convocatoria, comentó que no entiende aún los motivos que llevaron a pensar a la organización que ella podía formar parte del jurado, debido a que es de público conocimiento su compromiso social por los derechos humanos y que por consecuencia la coloca como opositora de los certámenes de belleza.

Además indicó de modo anecdótico que le pareció absurdo que desde la organización le hayan dicho  que cada persona convocada a participar debía cubrirse los gastos. “Realmente eso me pareció un destrato, yo estaba segura de que no iba a formar parte del jurado, pero aquellas personas que habían sido convocadas para otras participaciones no solo debía perder su tiempo, sino que además debían cubrirse los gastos”, detalló, y añadió de manera cómica: “Yo me podía pagar todo, pero le expliqué a la organización del certamen que hacía beneficencia con las personas que necesitan ayuda, no con el Estado que promueve estas prácticas violentas”.

González reconoce lo tradicional que pueden parecer los concursos de bellezas y de aquí su conexión con un público amplio. Desde una óptica más aproximada señala que en estos encuentros se presenta la belleza “como un medio para ascender socialmente en el que se trata de explotar el capital corporal en una sociedad que desprecia el mérito y la preparación”. Además develó que ella concursó en un certamen hace unos años atrás y pudo vivir cómo las chicas se presentaban como una especie de producto, atracción artística de la ciudad.

“La belleza no es un hecho objetivable y cada mujer da un valor a su físico y al de las demás. A las mujeres, no a todas, pero creo que en su mayoría, nos gusta sentirnos bellas y agradar, pero tanto a una amiga como a un amigo, a un amante, a las personas con las que nos rodeamos, sin entrar en un corsé objetivo, como objeto, como número artísticos, como un trozo de carne”, ejemplificó.

La joven reiteró que es necesario que las mujeres se despierten y defienda sus derechos. “Siento con profundo dolor el desconocimiento que existe ante estas prácticas donde se ejerce la violencia simbólica, deberíamos pronunciarnos todas, porque se trata de una lucha colectiva, una sociedad igualitaria donde se respete a la mujer y este tipo de prácticas no contribuyen a eso. Debemos entender que nuestro cuerpo nos pertenece”, aclaró.

Para finalizar, aseguró: “No es fácil ser feminista, más bien es un peligro por los avances de los fundamentalismos, por el peso del poder de las iglesias y religiones  en la política, por la persecución política y social de los sectores más conservadores, pero tampoco es fácil si nos resistimos a conformarnos con un feminismo light, suave, complaciente con las instituciones estatales y no estatales, sin exigir su democratización, con las democracias realmente existentes, con  las leyes de igualdad, cuando invisibilizan la diferencia”.

“Es tarea de la sociedad en su conjunto”, sostuvo, y profundizó: “Debemos problematizar estas prácticas, contribuyendo a visibilizar su carácter violento, es por eso que los funcionarios y mandatarios no pueden hacer oído sordo a esto, es una tarea que nos compete a todos. Cuando una asume el compromiso de luchar no solo por las mujeres sino por las causas justas, no debe temerle al tirón de oreja porque en realidad defiende sus convicciones e ideales”, concluyó.

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