Autoexigencia: la salud está en juego

Además de que el contexto social reclama resultados, hay ciertas personalidades que se exigen más allá de sus capacidades. Puede tener consecuencias negativas en lo mental y en lo físico.

La casa, los hijos, las cuentas, los padres y el trabajo, que tiene brazos que se extienden fuera de horario, son situaciones que muchas veces sobrepasan las capacidades de las personas. A veces no hay tiempo ni siquiera de detenerse para identificar el problema.

Y frente a esto hay quienes además suman su propia autoexigencia. El combo puede resultar explosivo: no reconocer los propios límites puede resultar paradójicamente limitante, especialmente cuando enferma.

La especialista en estrés, ansiedad y emociones, María Gabriela Fernández, del Instituto Sincronía explicó que «la autoexigencia tiene que ver con ‘querer hacer las cosas bien y esforzarnos para ello’,  pero la mayoría de las veces no se toma en cuenta que también puede implicar un patrón de comportamiento poco saludable, que conlleva un sufrimiento para la persona que es autoexigente».

Explica que «el sufrimiento ocurre cuando queremos ir más lejos de lo que nuestras aptitudes nos permiten y la relación entre nuestros recursos, conocimientos y habilidades versus nuestras metas, es desproporcionado».

Por eso sugiere lograr un equilibrio entre lo que se pretende y los recursos disponibles, lo que implica reconocer los propios límites.

En tanto, el psicólogo Walter Motilla detalló que en salud mental se distingue la personalidad tipo A que se refiere a un tipo de persona que es notoriamente autoexigente y autoestresora. Suelen programar cada vez más actividades, son perfeccionistas, se rigen por el reloj y el rendimiento,  son meticulosos y detallistas.

A estas personas les cuesta delegar en otros las responsabilidades y se imponen cada vez más.

Por otra parte es común que muchos de ellos tengan baja tolerancia a la frustración, necesitan tener resultados y explotan fácilmente cuando no logran el objetivo que se propusieron.

«Están sobreadaptadas a la vida por lo que viven en constante presión, con un patrón de conducta rígida, son asertivos y competitivos», señaló el psicólogo. Explicó que se identifican porque están permanentemente conquistando nuevos desafíos.

El origen del problema

Para Nilda Bautista, psicóloga social y laboral, las exigencias del mundo actual determinan la forma en que se vive: hay que tener resultados inmediatos, tener éxito en todo, ser el primero y consumir.

«Estamos en un mundo globalizado y con muchas exigencias desde lo personal, laboral, económico, social y familiar.  Es decir que hay una sobreexigencia en todos los contextos en los que el individuo se maneja. Son demasiadas obligaciones».

Motilla explicó que la sociedad actual propende a la personalidad tipo A, la cual es valorada desde lo laboral para ocupar puestos jerárquicos o de liderazgo, porque además suelen ser heteroexigentes, es decir que se exigen a sí mismos y a los demás.

En algunos casos se trata de personas con baja autoestima que buscan compensar esto con su hacer, también puede corresponder a individuos narcisistas.

Al respecto Fernández hizo referencia a «la brecha entre la baja autoestima y una autoimagen súper idealizada (su prototipo) que se instrumenta por medio de esta gran autoexigencia».

Impacto en la salud

Se trata de sujetos que con una voluntad férrea para lograr objetivos. Fernández describió que sus propósitos y sus actos están teñidos por su actitud perfeccionista y su necesidad de control.

Pero manejarse de esta manera le hace perder mucho tiempo y lo lleva a ser poco eficiente. Asimismo, la inseguridad ante los posibles errores le dificulta el tomar decisiones, tolerar los cambios y la frustración mientras que  el miedo y la culpa son tan intensos que lo paralizan.

Por ello, busca instrumentar mecanismos de control desmesurados para enfrentar la incertidumbre.

Esta situación termina repercutiendo en la salud: «si tengo una autoexigencia que supera mi capacidad física, emocional e intelectual es dañino, porque todo lo que sea una sobreadaptación termina enfermándome, ya sea con estrés o depresión».

Pero además puede tener consecuencia orgánicas sobre lo cual el cuerpo da avisos antes de ir agravándose. Sin embargo, será más de lo mismo: se está ocupado «corriendo», tratando de resolver tantas cuestiones que suele no escucharse el cuerpo.

Los primeros indicios pueden ser  jaquecas, problemas gastrointestinales o dolores musculares.

«La baja tolerancia a la frustración también termina siendo dañina y en muchos casos estas personas no toleran el fracaso pero no hay éxito sin fracaso, hay que fracasar varias veces para tener éxito», dijo Bautista.

Por otra parte, «hay que tener en cuenta que el estrés termina matando  -subrayó Motilla- ya que estas personalidades son más propensas a sufrir ACV o problemas cardíacos».

 

Para modificar la conducta

La licenciada María Gabriela Fernández detalla algunos parámetros para modificar una conducta autoexigente:

– Identificar nuestros propios límites, desarrollar una visión más realista de nuestros recursos y de nuestras limitaciones. Identificar nuestros puntos fuertes y nuestros puntos débiles. Trabajar para potenciar estos últimos.

– Fijarnos metas realistas.

– Entrenarnos para aprender a tolerar y manejar la frustración.

– Trabajar sobre nuestra autoestima para que nuestra autovaloración no dependa de lo que hacemos para los demás, ni de nuestro perfeccionismo.

– Aprender a identificar y expresar nuestras emociones para mejorar la relación con nosotros mismos y con los demás. Entrenar la empatía.

– Incorporar en la actividad  normal un momento para disfrutar de algo agradable de la tarea.

– Contemporizar y aprender del error. Verlo como una oportunidad. Y desdramatizarlo: la mayoría de los errores que tenemos en el día no tienen mayor consecuencia. Ser más tolerante con uno mismo.

– Proponerse no preocuparse tanto por los resultados. Estar más atento al proceso.

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