Dos nuevas denuncias contra Escobar Gaviria

El expediente por corrupción de menores contra el ex párroco de Lucas González, Juan Diego Escobar Gaviria, sumó dos nuevas denuncias. El fiscal Federico Uriburu tomó la testimonial de dos nuevas víctimas que comprometen al religioso.

Uno de los jóvenes es la misma persona que relató a Análisis Digital, la serie de aberraciones sexuales cometidas por el cura contra él.

Mientras que el otro joven también es mayor de edad y tuvo algunos episodios de abusos cometidos por Escobar Gaviria en diferentes circunstancias, según pudo saber Análisis Digital.

EL RELATO
El joven mayor de edad, que fue monaguillo del ex párroco de Lucas González, Juan Diego Escobar Gaviria, dio una entrevista a Análisis Digital para contar lo que fue sufrir abusos por parte del cura sanador colombiano.
El relato comienza con que todos los lunes, junto a un grupo de otros monaguillos -todos entre 11 y 13 años-, iban a Paraná, en horas de la mañana con Escobar Gaviria, en su automóvil y regresaban cerca de las 20.30. Indicó que él iba atrás sentado de ida y a la vuelta el párroco lo cambiaba adelante.
«Cuando íbamos de ida el cura me guiñaba el ojo por el espejo retrovisor y yo no entendía nada», recordó. Que por eso fue que varias veces quiso volverse en la combi que iba también con ellos pero el religioso no lo dejaba.

Cuando el cura colombiano lo sentaba en la parte delantera, manejaba el vehículo con una mano y con la otra le bajaba la bragueta y empezaba a tocar. «Yo no entendía nada, porque era un niño», acotó y añadió que los otros chicos dormían en el asiento de atrás.

«Yo me hacía también el dormido o miraba a través de la ventana, pero no hice nada porque no entendía que era lo que estaba pasando. Estaba descubriendo mi sexo. Fue la primera vez que me hizo llegar al orgasmo en uno de esos viajes, pero no sabía de qué se trataba. Todo esto me sucedió muchas veces en los viajes», agregó.
Según el chico, el cura colombiano siempre tuvo una virtud: el de la manipulación. «Da muy buenos consejos, escucha y cuando uno se quiebra, ahí arremete», dijo. «Es muy toquetón, pesado, denso y manipulador. Te habla y te habla hasta que te enreda y empieza a tocar por todas partes y te da muchos besos», acotó.

La relación con el cura comenzó una mañana de domingo, tras una misa de niños, cuando tenía 11 años. El sacerdote le preguntó a un grupo de chicos si querían ser monaguillos y comenzó a vincularse casi a diario con ellos.
Durante las ceremonias religiosas, el cura siempre lo buscaba con la mirada y cuando lo veía también le guiñaba el ojo, tratando de darle preferencia, incluso ante los otros monaguillos, a los que sí tenía que retar no dudaba en hacerlo y alzando la voz.

Cuando el chico iba a saludarlo a la habitación, en las primeras horas de la tarde, si el sacerdote estaba solo lo agarraba de la cara con las dos manos y lo besaba en la boca. Además aprovechaba la situación y le tocaba los genitales o la cola.

El chico estaba casi obligado a ir a misa del cura. Si no lo hacía, Escobar Gaviria llamaba a su madre y le exigía que lo enviara sí o sí. Después de la misa del viernes, los monaguillos iban a dormir a la casa del párroco. Allí los hacía acostarse en colchones en el living y a esta víctima la dejaba descansando cerca de la puerta de la habitación. Esperaba que todos se durmieran y lo hacía pasar al cuarto, entre las 3 y las 4 de la madrugada.
Una vez en el cuarto, el cura lo hacía sentar en la cama, lo desnudaba y le empezaba a dar besos por todo el cuerpo. Lo masturbaba y luego el cura le hacía sexo oral al niño. A la vez, le exigía al chico que también se lo hiciera a él, tomándole incluso la cabeza para obligarlo.

Además, el cura sacaba un frasco de vaselina de la mesita de luz, se la untaba en el pene al chico, él se ponía también la crema en su cola y luego se le sentaba para que lo penetrara. Algunas veces también le puso vaselina en la cola al pequeño, pero no pudo penetrarlo, porque el chico logró sacárselo de encima. Después de la escena sexual, lo retornaba al living, para que siguiera durmiendo con el resto de los chicos.
Cada vez que el religioso viajaba a Colombia les traía bóxer de regalo para todos los chicos. Generalmente era un bóxer para cada uno de los monaguillos pero a él le traía como dos o tres por viaje. Por lo general, le daba tal ropa interior en su cuarto y le decía que tenía que probárselo delante de él.

Además, cuando el cura estaba en el país latinoamericano le enviaba mensajes desde otro celular y le pedía que se sacara fotos en ropa interior y se las enviara. El joven acotó que el sacerdote tiene como cuatro celulares con chips de empresas argentinas, más uno de Colombia. Que siempre andaba con maletín con dinero y tenía mucha plata. A él nunca le regaló celular pero sí a otros monaguillos, que siempre se divertían en su habitación con sus tablets, televisión, computadora y Play Station. Que todo era para distraerlos y que los jueves luego de la misa de sanación desplegaba el dinero recolectado sobre una mesa y con una contadora amiga contaban la plata. Recordó que en su habitación tenía una gran computadora y al lado una pantalla para ver las cámaras de seguridad instaladas en la parroquia y su casa.

El último encuentro con el cura fue hace no más de tres meses, cuando casi estaba por cumplir la mayoría de edad y pese a saber que el muchacho estaba de novio con una chica del pueblo. El cura nunca cortó la relación con el joven quien ahora sigue recibiendo mensajes por WhatsApp del cura. «Y antes de ser detenido, me incitaba a visitarlo a la medianoche. Siempre hay mensajes de amor y Dios. Siempre me dice que soy especial», finalizó.

Fuente: Análisis Digital

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