El esfuerzo de una docente para cumplir su tarea

Es maestra de una escuela rural del departamento. Su historia se conoció en su perfil de Facebook, donde la docente agradeció a un papá que la llevó en tractor hasta la escuela Nº 43 Martiniano Leguizamón, donde permanecerá hasta hoy.

La historia de Liliana Estevecorena surgió a través de su perfil de Facebook, donde ella el martes escribió: “Gracias a este padre, Rolando Steven, hoy puedo estar dando clase y aprovecho a avisarles al resto de las familias que los espero”. Sin lugar a dudas, las lluvias y los caminos anegados complicaron su labor en la escuela desde el pasado lunes 4 de abril.
Liliana tiene 50 años, nació en San Miguel, Buenos Aires. Pero al poco tiempo sus padres se fueron a vivir a Nogoyá.
“Cuando me casé, viví a 5 kilómetros de esta escuela, donde me inicié como docente y trabajo hace 26 años y 6 meses. La mitad de mi vida”, afirmó en diálogo con EL DIARIO. Agregó que “viajaba a la escuela caminando, a caballo o en sulky”.

Pero después con el correr de los años, Liliana se divorció y se fue a vivir con sus tres hijos a Nogoyá, a 31 kilómetros del establecimiento educativo donde dicta clases en el primer ciclo, primer y segundo grado.
Las incesantes lluvias anegaron los caminos e impidieron que esta y otros docentes pudieran llegar hasta la escuela desde el lunes 4 de abril.

“Me encuentro a 31 kilómetros de la ciudad y cuando llueve mucho como todo estos días, es complicado. Cuando no podemos llegar a la institución nos reunimos con otras docentes rurales para cumplir horario de trabajo haciendo otras actividades relacionadas a la escuela”.

Liliana de lunes a viernes vive en la escuela. El papá que la dejó el martes intentará buscarla el viernes y sino será otro el voluntario que lleve a esta docente hasta su casa a más de 30 kilómetros.
“Es difícil pero siempre alguien esta dispuesto a llevarme”, manifestó.

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EN EL AULA. La maestra confió que tiene a cargo seis alumnos en el primer ciclo y que hay ocho chicos más en el segundo ciclo.
Sobre cómo es la asistencia de los alumnos con estas condiciones meteorológicas, expresó: “Vienen los chicos que viven más cerca”. Por lo que añadió que la tarea se organiza y se dan cuadernillos con actividades para realizar en casa.
Con respecto a cómo se siente dando clases en una escuela rural, Liliana afirmó: “Verdaderamente feliz, imaginate es ‘mi casa’. Las familias del lugar son como mi familia. Uno pone en el trabajo todo el amor. Para ser docente rural te debe correr en las venas el compromiso, respeto, pasión y sobre todo vocación de servicio”.
Destacó que allí el vínculo con los chicos es mayor. “La enseñanza es personalizada”.
Antes de despedirse Liliana a modo de mensaje, expresó a esta Hoja: “Que esto le llegue a docentes que muchas veces estudian esta carrera por un sueldo y no es sólo eso. Con ese pensamiento estamos haciéndoles mucho daño a los niños, que tanto amor necesitan hoy en día”.
LOS HORARIOS. En la escuela Nº 43 Martiniano Leguizamón los horarios cambian de acuerdo al clima. Desde el inicio de clases hasta fines de abril, los alumnos concurren de 8 a 12; desde mayo hasta septiembre inclusive, van por la tarde de 12.30 a 16.30; y desde octubre hasta diciembre se retoma el horario matutino.
Actualmente, los chicos tienen dos recreos, en el primero que es a las 9 de la mañana se sirve el desayuno y antes de retirarse, a las 12, el almuerzo.

Mamá y maestra
Liliana tiene tres hijos mayores, dos mujeres que estudian en Rosario; una de 28 años que está por finalizar la carrera de Arquitectura, y la menor de 18 que estudia Administración de Empresas y es modelo. En Nogoyá vive su hijo varón de 26 años que trabaja en una estación de servicios. “Los nombres no te los doy porque me matan”, se disculpó la docente.

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