Femicidios: el dilema de cómo se cuentan los hechos

Los casos de femicidios se repiten. Las mujeres que mueren a causa de la violencia de hombres son cada vez más. Y de esos casos nos enteramos a través de los medios de prensa.

Hay que tener en cuenta el enfoque, el encuadre desde la perspectiva de derechos humanos. Contextualizar la información, no brindar detalles sobre la víctima, sino indagar en cuestiones que ponen en perspectiva el contexto para no revictimizar. Es necesario no abundar en detalles que puedan servir incluso como disparador de nuevos casos de violencia. Hay que cuidar las formas de titular, el vocabulario”, recomienda Sandra Míguez, integrante de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género.

Pero Míguez advierte que esta óptica no implica dejar de hablar del tema o no contar lo que sucede, sino “hablar desde una perspectiva que entienda las implicancias a nivel psicológico, emocional, y respecto a todos los aspectos que tengan que ver con la integralidad de las personas”.
Con respecto al tratamiento que los medios de prensa le dan al tema de los femicidios, Míguez reconoce que se ha mejorado y que se evidencia un avance.

“Estoy convencida que ha mejorado muchísimo. A veces, no por mala intención sino por ir detrás de la primicia, se cae en cuestiones que no aportan desde lo periodístico. Se corre el riesgo de naturalizar la cuestión. Decir cuántas puñaladas recibió una mujer que fue víctima de un femicidio no aporta a esta perspectiva. En todo caso, lo que hace es naturalizar una cuestión que debe estar condenada”, aclara.

Con respecto al tratamiento del caso de Jessica Do Santo, que fue asesinada en nuestra ciudad a principios de este mes, consignó: “Era una chica que estaba en una situación de vulnerabilidad, el tratamiento que se le dio en los medios fue indagar con cuestiones que tienen que ver con su vida en lugar de poner en contexto incluso las hipótesis que maneja la Policía. Si fue un proxeneta o una red de trata se debe indagar en ese aspecto, respecto a lo que está sucediendo en nuestro medio con esos temas. Si no se vuelven a vulnerar sus derechos”. No dejó de notar que con respecto a ese caso en particular, el tema no continuó siendo de atención de los medios a pesar de que no ha sido resuelto: “No hubiera sido así si se tratara de una persona de clase media o clase media acomodada. Como ha pasado con otros casos. Causan una primera conmoción y después desaparece su tratamiento. El tema se tiene que abordar para visibilizar la problemática, pero eso implica incorporar la perspectiva de género o derechos humanos en el abordaje de estos temas”, insistió.

LA MUJER
Consultada sobre la imagen habitual de la mujer que los medios de prensa reflejan, Míguez dio algunas precisiones.
“Hay una reafirmación de los estereotipos, las mujeres son noticias por los roles que tradicionalmente le han asignado. En general, sólo el 27% de las noticias son protagonizadas por mujeres. Generalmente son situaciones de protesta, casos de violencia, salvo cuando se trata de mujeres que son funcionarias o figuras política. La publicidad sostiene esos estereotipos. En las publicidades son presentadas como las responsables del cuidado del hogar, o relacionadas con cuestiones de belleza o juventud. Los medios no escapan a los estereotipos y cómo se reproducen”, remarca.

Finalmente, dice: “En esta cultura patriarcal y machista, por lo general los medios reafirman este tipo de estereotipos, que están en la vida cotidiana y en el imaginario de lo que le corresponde a la mujer según su rol, hasta la máxima expresión que son los femicidios. Luego, hay un hombre que entiende que puede decidir sobre la vida y muerte de las mujeres, de eso hablamos cuando hablamos de la cultura machista y patriarcal. Es un proyecto político que habla de este poder de los hombres sobre las mujeres. A mitad del siglo pasado las mujeres no tenían ni siquiera el derecho a cobrar un salario o votar, pero se consiguieron esos derechos con un proceso de lucha”.

LO URGENTE
Por su parte, el periodista Américo Schvartzman sostiene: “En general, creo que los periodistas no tenemos una adecuada formación sobre cómo tratar los casos de violencia de género y femicidios. Sucede también en otros casos. Todo es muy reciente en esta temática, hasta las estadísticas. Recién ahora la Corte de Justicia comienza a reflejar estadísticas de femicidios. No estamos bien preparados en el asunto. Eso se detecta cuando revisamos la forma en que los medios gráficos, al menos lo que yo he analizado, redactan las noticias”.

Pero esa carencia no sólo afecta al periodismo, sino también a algunos funcionarios y, como ejemplo, detalla: “En relación al caso que recientemente conmovió a Concepción del Uruguay, del femicidio con tres femicidios vinculados, la información proporcionada oficialmente por la Policía hace referencia a que Ledesma (el femicida) llegó a la casa de su ex mujer y ‘la encontró con otro hombre’. En realidad estaban separados hace meses. No era ‘otro hombre’, era su pareja actual. Estas maneras de presentarlo se han superado en casi todos los medios, al igual que algunas expresiones que eran justificatorias como lo de crimen pasional. No obstante siguen apareciendo expresiones de ese tipo que hacen referencia a los celos que refuerzan la mirada del machismo imperante”. “También creo que el impacto que tienen estos episodios es muy reciente y todavía falta un marco teórico para abordarlo, sumado a lo imperioso que tiene la profesión periodística. Cabe el axioma de Mafalda que dice que lo urgente no deja tiempo para lo importante. Creo que la suma de todo eso hace que no tengamos todavía una reflexión sobre cómo se debe abordar estos casos. Sí existen en manuales de estilo o códigos de ética de nuestras asociaciones respecto del suicidio. Ha servido mucho la preocupación de los especialistas en Ciencias Sociales sobre la divulgación de casos de suicidio para evitar que se produzca un efecto de contagio social copycat”, remarca.

Posteriormente, Schvartzman ejemplifica: “Mariana Carabajal analizó el caso de Wanda Taddei. Concluyó que luego de ese femicidio y de su difusión, no es que se incrementaron la cantidad de casos sino que se repitieron notablemente los hechos en los que la agresión se hacía en la misma forma. Por otra parte, en un relevamiento sumamente interesante que se hizo en países latinoamericanos en los que se habían aprobado leyes contra la violencia de la mujer se comprobó que en el período en que se debatía una ley de prevención contra la violencia de género se verificaba una disminución de los casos. Es como que el impacto de la difusión del tema influye”.
Luego, concluye: “Las sociedades necesitamos ponerle nombre al problema para tomar conciencia, para poder hablar de eso. Por eso se incluyó la palabra feminicidio en la Real Academia Española. Eso es un avance enorme. Después tenemos que ponernos de acuerdo de qué manera lo abordamos. Los periodistas todavía no hemos hecho eso”.
El efecto imitación

Una tesis doctoral de Isabel Marzabal Manresa, realizada en colaboración entre la Universidad de Barcelona y la UNED, concluye que la probabilidad de que se cometa un femicidio es más elevada cuando previamente, en un periodo de diez días, han aparecido noticias de asesinatos de mujeres a manos de su pareja en prensa y televisión. Asimismo, la tesis pone de relieve que se hace muy difícil prever este tipo de crímenes. La doctora Marzabal, que es funcionaria del Departamento de Justicia de la Generalitat de Cataluña, explica que “es muy significativo que, de los treinta casos sentenciados por la Audiencia Provincial de Barcelona entre 2006 y 2011, solo en dos de ellos no hubiese antecedentes de mujeres muertas a manos de su pareja publicados en los medios de comunicación”. Se trata del llamado efecto imitación (copycat): el poder de los medios de comunicación para provocar una epidemia de conductas similares.

La tesis analiza y evalúa el perfil psicológico de cada agresor condenado y las circunstancias concretas en que se produjo el crimen. Se valora toda la información disponible en cada caso, incluyendo las sentencias, los informes forenses y psicológicos llevados a cabo durante el procedimiento judicial y los informes redactados después de la sentencia, elaborados por los profesionales de los centros penitenciarios donde los agresores se encuentran cumpliendo condena. Además, se estudia la influencia que tienen los femicidios anteriores en los femicidios estudiados, relacionando directamente los casos.

Isabel Marzabal asegura que “el hecho de que alguien haya perpetrado un crimen antes le resta gravedad al acto, lo banaliza y le borra una parte del tabú”. Además, en los casos en que se detecta el efecto imitación, el crimen se ejecuta de forma similar. No en vano, la tesis concluye que la probabilidad de un femicidio es doce veces más elevada cuando en los medios de comunicación han aparecido noticias de otros femicidios en un intervalo inferior a cuatro días, y la probabilidad es veinticuatro veces mayor cuando estas noticias han aparecido en los diez días anteriores.
Marzabal advierte que no hay que dejar de publicar este tipo de informaciones en los medios de comunicación; pero opina que “se debería evitar dar información demasiado detallada o difundir imágenes que no sirven para nada más que para dar ideas al agresor y que, al mismo tiempo, provocan más miedo a la víctima”.

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