La cronista cuestionada por Urrutia dio su versión de lo sucedido

Natalia Buiatti, cronista de Análisis Digital, relató en primera persona el entredicho que mantuvo con el abogado defensor del cura Juan Diego Escobar Gaviria. 

«Entendí que aclarar una vez, públicamente, lo que sucedió en los Tribunales de Nogoyá era suficiente. No me siento cómoda siendo protagonista de la noticia, mi trabajo es buscar información y producirla. Sin embargo hoy tengo la necesidad de volver a contar en primera persona lo que aconteció el jueves al mediodía, ante la insistencia del abogado Milton Urrutia y su advertencia hacia mi persona.

Llegué a Tribunales en un auto que estacionó frente al ingreso principal del edificio. Ví que los abogados Milton Urrutia y Juan Pablo Temón estaban parados en la vereda, conversando. Crucé la calle y los saludé con un “buen día” que ellos respondieron con tono amable -a Miton Urrutia le he hecho notas, y hemos compartido salas de audiencia en el marco de otro juicio conmocionante y de interés público-. Ingresé al edificio y en la primera Mesa de Entradas que divisé, dije que venía de la revista ANÁLISIS de Paraná y que estaba buscando el Juzgado del doctor Acosta. Una empleada me acompañó al pasillo, me indicó que debía subir la escalera y que en el primer piso encontraría el Juzgado.

Caminé por el corredor y subí las escaleras. Atravesé la puerta de la segunda Mesa de Entradas -la del Juzgado del doctor Gustavo Acosta- y me presenté con mayor precisión. Dije que mi nombre es Natalia Buiatti y que había llegado desde Paraná, de la revista ANÁLISIS, para hacer una cobertura sobre la audiencia en la causa por abuso de menores contra el cura Juan Diego Escobar Gaviria. Un empleado me respondió que la audiencia estaba pronta a iniciar, y que se haría en la sala contigua a esa Mesa de Entradas. Pregunté allí si el edificio de Tribunales tenía un ingreso que no fuera el principal. El empleado se sorprendió con mi inquietud. Entonces le expliqué que en la vereda había visto a los abogados pero no al imputado. El muchacho me dijo que no había otras entradas, y que la audiencia comenzaría en pocos minutos.

Cuando salí de la Mesa de Entradas ví a los dos abogados sentados, uno a cada lado del sacerdote, en las sillas que están afuera de la sala de audiencias. Saqué mi celular de la cartera y los enfoqué. Urrutia me preguntó si los iba a fotografiar y le dije sí, porque estaba haciendo una cobertura periodística. Inmediatamente me advirtió que no podía sacarles fotos. Le pregunté por qué. Comenzó a levantar la voz y a repetir que no podía sacarles fotos. No decliné mi intención. Quería retratarlos pero no pude. No logré una sola imagen de ese momento, porque Urrutia se levantó e intentó taparme el celular con su saco. Di un paso atrás y quiso arrebatarme el aparato de las manos. Todo fue en un momento rápido, tenso. Lo que vino luego fue un rezo de improperios, por lo que prendí el grabador del celular.

Muchos ya sabrán cómo sigue la historia en ese tramo, porque está registrado en el audio. Allí se puede oír cómo Urrutia pedía por la Policía, porque decía que estaba violando su derecho a la intimidad y la imagen. Me sentí muy nerviosa, quería que me dé una razón, que me explique por qué no podía sacarles una foto. Pero él no explicó nada, sólo dijo que yo violentaba la dignidad de las personas y que estaba adentro del Poder Judicial. Le dije que era un lugar público. Me preguntó mi nombre. Le respondí. Me preguntó si trabajaba para un medio. Le contesté que sí. Gritó que iba a meterme una denuncia y que iba a hacerme un juicio.

Muchos empleados que estaban adentro de las oficinas salieron a observar el desagradable escándalo. Una mujer del Juzgado del doctor Acosta también pidió por la Policía y advirtió que no suba nadie de la prensa. Luego abrió la puerta de la sala de audiencias y los hizo pasar. Se acercó a mí y me pidió que me retirara del lugar. Le pregunté cuál era la razón, porque ese era un lugar público. Me respondió que ella no estaba segura de eso. Luego se fue. Subió un policía al primer piso, luego llegaron dos más. Ninguno de ellos se acercó a mí ni me pidió nada, en ningún momento.

Continué aguardando en el primer piso. A los pocos minutos, Urrutia salió de la sala de audiencias y me vio allí. Luego de eso, volvió la misma empleada a decirme que baje al primer piso. Le insistí con que me diera una razón, porque ese era un lugar público. Como no tuvo argumentos, terminó por pedirme “un favor”, a lo cual accedí.

Esperé abajo, cerca de la escalera hasta que el juez Acosta en persona me invitó a pasar a la sala de audiencias para tomar fotos. Cuando entré al salón, Urrutia comenzó otra vez con los gritos. Tanto fue así que el juez advirtió que él dirigía la audiencia, que me permitía entrar y tomar fotos. Entonces, el abogado que estaba sentado al lado del cura se levantó y se puso en un rincón, para no salir en el retrato. En la foto que se hizo pública se observa a Escobar Gaviria bajando la cabeza; en la silla contigua se ve el maletín de Urrutia; también aparece el abogado Juan Pablo Temón, mirando a un costado.

No falté el respeto a nadie. No mentí. No dije que era abogada. No grabé una conversación privada. No sé cuáles son los “ademanes” o vestimenta de los abogados… Sólo espero que todo esto termine de una vez, para continuar con mi trabajo como vengo haciéndolo desde hace años en Tribunales.

Natalia Buiatti, cronista en ANÁLISIS.

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