«Una ley para que todos seamos felices»

No sólo fueron exhibiciones de extrañas danzas en campaña, discursos repetitivos con el «si se puede», el castigo de la bandera argentina cuando habló de trabajo genuino, sino que ahora el presidente apostó a mas y para continuar con la revolución de la alegría y la gestión de la globología, manifestó su deseo de sacar una ley para que «todos seamos felices». Sobre medidas del gobierno, no habló. Solo críticas.

Como galleta en los pasteles, el presidente concurrió a un locro por el Día del Trabajador en el sindicato de Luis Barrionuevo. En vez de valorar el trabajo argentino, cargó contra los trabajadores y criticó el ausentismo y el abuso de licencias.

El tarifaso del presidente es sólo un sinceramiento económico, así lo definió el primer mandatario como queriendo esconder la tierra bajo la alfombra. “Sé que hay mucha gente que la viene pasando mal, que acumula años de faltantes y que estos meses con las medidas de sinceramiento que tuvimos que tomar se las ha afectado”, dijo el mandatario sin agradecer el trabajo argentino que a diario construye la patria, ignorada en su juramento.

Se excusó diciendo que “hace cinco años que no se genera trabajo de calidad, porque ocultaron el desempleo con trabajo público inútil”, pero no anticipó medida concreta alguna para contrarrestar lo mencionado o cambiar la realidad.

Macri añadió: “La suma de los empleos inútiles es una ruta descuidada donde los argentinos pierden la vida”, a la vez que cargó contra las iniciativas “arbitrarias”, en referencia a los proyectos opositores que apuntan a declarar la emergencia ocupacional.

“Si fuese cuestión de leyes, en vez de conservar lo que tenemos, saquemos una ley que diga que todos somos felices”, su funcionario Marcos Peña no pudo disimular tamaño fallo del primer mandatario y su cara lo dijo todo.

 

 

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