Manuel Gonçalves compartió el recuerdo de la familia Amestoy

El domingo visitó la ciudad el nieto recuperado número 57. Se trata de Manuel Gonçalves, hijo de María del Carmen Granada, quien fue asesinada junto a todos los integrantes de la familia Amestoy. Manuel sobrevivió al tiroteo protegido en un placard.

Fuente: Semanario La Voz de Nogoyá
Manuel es una persona sencilla, se expresa con palabras simples y se brinda con toda persona que se acerca a saludarlo. En un breve diálogo contó su historia, su relación con la familia Amestoy y como está viviendo las instancias del juicio en el que se juzgará a los responsables de la muerte de su madre.

Manuel Gonçalves Granada, es el único sobreviviente de la masacre de la calle Juan B. Justo, en la ciudad de San Nicolás. Allí vivían Omar Amestoy, su esposa María Fettolini (Pochi), sus hijos Fernando y María Eugenia de 3 y 5 años y también María del Carmen Granada y su hijo Manuel de tan sólo 5 meses. La madrugada del 19 de noviembre de 1976 un grupo de militares armados irrumpe en la casa que ellos habitaban, con gases lacrimógenos y tiros de ametralladoras y dan muerte a todos los habitantes, a excepción de Manuel, que fue refugiado por su madre en un placard rodeado de almohadas y frazadas. Luego de 19 años, Manuel conoce la verdad y se convierte en el nieto recuperado número 57 y comienza a tener vínculo con los familiares de Omar Amestoy.

Al ser consultado sobre su visita a la ciudad, Manuel Gonçalves manifiesta que es la primera vez que puede compartir la previa del aniversario de la masacre, en la ciudad de Nogoyá, “desde que recuperé mi identidad y supe todo lo que había pasado en la masacre de la calle Juan B Justo, cada 19 de noviembre se torna muy especial y este año, mas especial aún, porque estamos viviendo las instancias del juicio, que estamos compartiendo de alguna manera con la familia Amestoy que desde ese 19 de noviembre de 1976 estamos juntos, y hoy encontrarnos en la plaza de su ciudad, con toda la familia, mientras venia para acá pensaba: “llega otro aniversario de la muerte de nuestras familias y estamos esperando que la justicia se haga presente de una vez por todas luego de más de 30 años”.

Cuando menciona a la familia Amestoy, Manuel esboza una sonrisa como recordando algo, y cuando se le consulta que significado tiene para él la familia nogoyaense aduce “en estas historias las relaciones son especiales, cada uno de nosotros reconstruye en las personas que quedaron, lo que nos falta, entonces para mi encontrarme con ellos significa mucho porque es la familia que le abrió las puertas a mi mamá, y a mi, para que nos podamos refugiar en esa casa de San Nicolás. Seguramente entre Omar, Pochi y mi mamá habían construido un lazo muy fuerte y especial, porque estaban en una situación muy compleja, en la clandestinidad, siendo perseguidos y convivíamos todos en una casa. Entonces uno genera esos vínculos que en situaciones tan duras, se vuelven mas fuertes, con gente que realmente te da la confianza y te abraza como compañero”, explica.

Y siguió: “más allá de la separación que sufrimos por algunos años con los Amestoy, siento que hoy podemos mantener esa unión que nuestras familias tenían antes, no pudieron cortar ese vinculo a pesar de los años”. Con respecto a su encuentro con la verdad, Gonçalves explica que el no inició la investigación, sino que fueron las Abuelas de Plaza de Mayo quienes llegaron a el. “Tardé 19 años en volver a encontrarme con esta historia, fue un camino muy largo que se hizo posible gracias a la lucha de las abuelas de Plaza de Mayo y en mi caso al equipo de Antropología Forense con Alejandro Eucharri a la cabeza.

Así me encontraron de nuevo con toda esta nueva vida, porque en realidad yo no sabía porque no vivía con mi familia biológica, lo único que sabia era que la familia que me había criado, se había echo cargo de mi pero supuestamente era porque mi madre me había abandonado, yo no tenía ni idea que podía ser hijo de desaparecidos así que en el momento que me encontré con esta historia, significó un cambió sustancial en mi vida, mi vida pasó a ser otra” relata y sigue “los lazos y la construcción de mi historia fue algo muy significativo, después de conocer la verdad, que yo no había buscado, fue todo una sorpresa y tuvo que ver mucho el contexto en el que supo toda esa verdad” explica, “en el momento que a mi me encontraron no se vivía la apertura y la madurez que hoy tenemos con respecto a como se habla de lo que pasó en las décadas infames de nuestro país”. Manuel fue encontrado por Abuelas en el año 1997.

“Hoy los nietos, tenemos un montón de argumentos para dudar de nuestra identidad si existiera el caso, las abuelas han crecido mucho en su capacidad de difundir esta historia, se hacen películas, libros y hay un montón de elementos que permiten que hoy los chicos duden y averigüen mas sobre su propia historia” detalla. En cuanto a la etapa judicial en la que ambas familias actúan como querellantes, Manuel mantiene la esperanza que el juicio finalice antes del cierre de año “es tiempo que el juicio llegue a su final, las instancias se volvieron mas largas de lo que creíamos, no debería pasarse de este diciembre la sentencia, creo que este año debe ser el último que convivamos con la impunidad, la cual la hemos tenido desde hace mas de 30 años”.

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