El Papa Francisco alejó a la hermana Toledo de la superioridad

El Vaticano le comunicó hoy al arzobispo de Paraná, monseñor Juan Puiggari, que el Papa Francisco dispuso que la hermana Luisa Toledo (o María Isabel) deje de ser “superiora” en instituciones de Carmelitas Descalzas.

Según Análisis Digital, la determinación se adoptó en función de las irregularidades detectadas en el convento de Nogoyá, respecto de su manejo autoritario y abusivo, de acuerdo a lo investigado por la justicia de dicha ciudad, donde se tramita la causa. De esta manera, en el establecimiento religioso habrá que elegir una nueva madre superiora. La hermana Luisa Toledo se encuentra actualmente destinada en un convento de la localidad de Roque Sáenz Peña, en la provincia del Chaco.

La hermana Luisa Toledo ya no es más “superiora” y se transformó en una simple monja de la congregación de Carmelitas Descalzas. La decisión la adoptó el Vaticano y con la firma del Papa Francisco. Esto le fue comunicado esta mañana al propio arzobispo de Paraná, monseñor Juan Puíggari, quien a la vez le transmitió dicho mensaje al fiscal de Nogoyá, Federico Uriburu.

La determinación se adopta cuatro meses después de lo publicado por la revista ANALISIS, donde se puso al descubierto el maltrato hacia las hermanas del convento Carmelo de Nogoyá, de parte de la ahora ex madre superiora Luisa Toledo, lo que derivó en la apertura de una causa judicial que es llevada adelante por el fiscal Uriburu, donde ya declararon varias ex religiosas y confirmaron lo informado en el artículo periodístico.

La religiosa ya no se encuentra en Entre Ríos, puesto que fue derivada hace algo más de una semana al convento de Carmelitas Descalzas de Presidente Roque Sáenz Peña, en la provincia del Chaco. La hermana Luisa Toledo fue imputada por el delito de “privación ilegítima de la libertad”, en función de que no le permitió a varias religiosas salirse de la congregación, pese a que hacía meses y años que se lo estaban reclamando, porque no podían soportar más el maltrato físico y psíquico puertas adentro.

El monasterio de las carmelitas descalzas de Nogoyá fue allanado luego de que ANALISIS publicara que las monjas del establecimiento padecían “torturas psicológicas y físicas, todo a la vista de las autoridades de la Iglesia”. Esa misma mañana, el fiscal Uriburu informó que fueron hallados “ciertos elementos de tortura y autoflagelación”, como látigos y cilicios. El arzobispo de Paraná, Juan Alberto Puiggari, se declaró “perplejo” por la noticia, y protestó porque “ante una denuncia de una revista ya se allana un convento como si fueran vendedores de droga”, cuando “podía ir el fiscal a tocar timbre y actuar de una manera más pacífica”.

Inicialmente, la madre superiora del convento “resistió el ingreso de los funcionarios judiciales y policías, que tras unos minutos lograron forzar la puerta”, informó el fiscal Uriburu. Aunque “no hubo necesidad de revisar cada cuarto, porque se aportaron en forma voluntaria una cantidad de cilicios y látigos, pequeñas fustas de unos 40 centímetros”.

Durante el allanamiento, luego de que las monjas aportaran voluntariamente fustas y cilicios a los funcionarios judiciales y los policías del grupo de Operaciones Especiales de la provincia –que estaban acompañados, además, por la comisión del delito de privación ilegítima de la libertad agravada de la Justicia de Nogoyá–, la investigación avanzó sobre las habitaciones. Luego de las que ocupan las internas, informó Uriburu, revisaron otra habitación en la que había una “gran biblioteca con numerosos libros de teología y religión pero no hay manuales o libros sobre la instrumentación de prácticas de tortura”.

El arzobispo aseguró, además, que “la vida de las carmelitas es muy exigente”, que son monjas que “viven una vida austera y de oración”. De todos modos, advirtió, “si hay que corregir algo, se corregirá”. Puiggari también recordó que, aunque el monasterio de la orden depende del Vaticano y cuentan con la protección del obispo, su vida cotidiana se rige por un reglamento vigente a nivel mundial, que fue aprobado por Juan Pablo II.

Por su parte, el vocero del Arzobispado, Ignacio Patat, aseguró que los cilicios y las fustas hallados forman parte de “la manera de la vida de la disciplina” de las carmelitas. El monasterio “se rige por la Regla de Santa Teresa, con la vieja manera de vivir de las Hermanas Carmelitas, que aunque para el lenguaje social puede sonar a castigo, en la regla interna es la manera de la vida de la disciplina y están permitidos”, señaló. Por eso, para Patat, lo que suceda puertas adentro del convento no sería pasible de denuncias de “castigos ni de torturas, las reglas del monasterio hablan de elementos de disciplina personal”. Patat precisó, además, que Puiggari conocía la vida interna del lugar, porque “ha hecho visitas pastorales desde julio a la fecha”.

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