Se cumplen 30 años del hundimiento del Crucero General Belgrano

Dos torpedos explotaron dentro del barco y esto provocó que a los 20 minutos se hundiera. De los 1.093 tripulantes que iban a bordo murieron 323, uno de ellos fue el nogoyaense Julio César Monzon. En uno de los buques que navegaba para protegerlo viajaba un paranaense que recordó el hecho.

Hace 30 años, el crucero General Belgrano recibió el ataque de tres torpedos provenientes del submarino nuclear inglés HMS Conqueror. Dos explotaron dentro del barco y esto provocó que a los 20 minutos se hundiera. De los 1.093 tripulantes que iban a bordo murieron 323.
Junto al crucero eran dos los buques que navegaban con la misión de protegerlo, formar una cortina y tratar de ponerlo a salvo: se trataba de los destructores Piedrabuena y Bouchard. En este último viajaba Miguel Taborda, uno de los paranaenses que participó del conflicto.
Él prefiere que se lo llame combatiente: “Porque nosotros seguimos luchando por esta causa”. En ese entonces tenía 21 años. “Nos dimos cuenta de que algo pasaba, porque habíamos perdido comunicación con el crucero”, contó.
Asimismo narró: “Antes de entrar en zona de combate se notaba la falta de experiencia, porque ni siquiera los oficiales de alto rango habían estado en una guerra. Cuando empezamos con las maniobras, cantamos el Himno, gritamos con euforia, insultamos a los ingleses, sin tener mucha conciencia de lo que pasaba”.
“Cerca del mediodía el comandante pasó un comunicado por los altavoces diciendo que saludaba y le daba un abrazo a toda la tripulación, ya que en pocos minutos íbamos a entrar en combate, que la orden era tratar de causar daño a la flota enemiga y que por la superioridad numérica y tecnológica que tenían los británicos, seguramente no íbamos a volver”, añadió.
Ese día había una fuerte tormenta y la visión era escasa sobre las heladas aguas del Atlántico Sur. El ataque al Belgrano se realizó fuera de la zona de exclusión, lo que generó un gran debate internacional. Este hecho permitió a los británicos posicionarse con superioridad en la zona naval y hasta la fecha, el HMS Conqueror es el único submarino nuclear de la historia en hundir una nave enemiga.
“El crucero General Belgrano era el único sobreviviente de Pearl Harbor, y nunca llegamos a entender cómo lograron la ofensiva, y cómo con semejantes cañones de artillería de seis pulgadas no pudo tirar ni un solo tiro y defenderse”, indicó Taborda.
La ausencia de comunicaciones hizo que se despertara la alerta en el Bouchard. No había directivas desde la embarcación de mayor rango. Un torpedo alcanzó la sala de máquinas del destructor y averió el sonar. Luego los vigías detectaron manchones naranja sobre el agua, lo que significaba que había presencia de balsas, por lo que el comandante ordenó partir en dirección al crucero, que para ese entonces desprendía una gruesa columna de humo. Taborda contó: “Estábamos jugados y debíamos ir hacia allá. En el trayecto empezamos a ver balsas desinfladas; uno de los grandes problemas fue que casi un 60% de las ellas no se abrieron, porque las garrafas de aire comprimido que tenían estaban vencidas. En las primeras cuatro o cinco había gente muerta. No estaban lastimados. Nosotros tardamos aproximadamente dos horas y media en llegar porque no podíamos maniobrar, y supongo que las personas que estaban en las balsas perecieron por hipotermia. Lo único que les quedaba era aferrarse a lo que había en el lugar”.
En este marco, sintetizó: “El comandante dio la orden de dejarlos. Es como toda guerra, se salva al que puede volver a combatir. Solo nos quedaba atar las balsas juntas y dejarlas que siguieran a la deriva. En esos momentos teníamos la euforia propia de nuestra edad, y cuando empezamos a ver todo eso, ver los cadáveres y tener que dejarlos ahí, nos dimos cuenta de la realidad”.

El rescate
Taborda contó: “Al primer salvataje efectivo lo hicimos el 3 de mayo, cerca de las 8 de la mañana. Era una situación difícil, ya que los buzos tácticos continuamente se tiraban para verificar si en las balsas había sobrevivientes, pero llegó un momento en que estaban exhaustos. Creo que el Bouchard logró rescatar cerca de 70 personas”.
En el hangar de la embarcación se improvisó una especie de dormitorio para albergar a quienes se pudo recuperar de las gélidas aguas, embadurnados de petróleo, con la angustia propia de quien logra esquivar a la muerte.
“La mayoría sentía frío, pero hambre no tenían. Los médicos y enfermeros trataban de darles agua, de hidratarlos y administrarles algún calmante vía oral, porque estaban pasados de revoluciones, pero físicamente no daban más”, señaló el héroe de Malvinas, a la vez que recalcó: “El problema era la baja temperatura y la falta de sueño. Hacía más de 24 horas que estábamos sin dormir porque estábamos en combate, y ellos después estuvieron más de 48 horas despiertos, y mucho tiempo mojados y llenos de petróleo”.
“Tratábamos de hacerles chistes para animarlos, hacer cualquier cosa menos hablar de lo que había pasado, mientras los superiores les traían chocolates, sopa, cosas calientes”, agregó.
La angustia de lo vivido acompaña a los héroes de Malvinas como lo hace su sombra. En este sentido, Taborda reflexionó: “En Paraná vive el papá de un caído en Malvinas. A mí me trata como a un hijo y yo lo quiero como a un padre, y cuando nos ponemos a charlar siempre me asalta una imagen que no puedo evitar: me pongo a pensar que en una de esas balsas podría haber ido su hijo y yo no lo saqué. Sé que no tiene sentido, pero eso te queda rondando en la cabeza”.

“El homenaje de los hijos es lo mejor que nos pasó en 30 años”
Miguel Taborda confió: “Cuando se realizan las ceremonias y los homenajes a los caídos cada 2 de abril, me emociono, pero hasta ahí nomás. En cambio, el 2 de mayo es otra cosa: tal vez porque fue ahí cuando me di cuenta de que estaba en una guerra. Esos días mi familia ya sabe que casi no hablo, que prefiero quedarme solo”.
Su pareja, Cristina, contó que a través de Internet Miguel comparte con sus excompañeros vivencias de esa época, detalles que el destino y la memoria se empecinan en dejar en manos del olvido, quizás para proteger las buenas remembranzas de los días previos, de cuando tomaban sol en Playa Grande, en Mar del Plata, o bromeaban en el interior del Bouchard, antes de los desgraciados momentos que les tocó enfrentar. En este sentido, Taborda señaló: “Tenemos una página, que eswww.elgloriosobouchard.com.ar, y nos hace bien compartir, nos anima a hablar de las cosas que pasamos”.
Este año se cumplieron 30 años del inicio de la gesta de Malvinas y los veteranos supieron que no están solos en su lucha. Sus hijos, que ahora son jóvenes y hasta superan la edad que ellos tenían al momento del conflicto, tomaron la posta y se juntaron para brindarles el apoyo a sus padres portando remeras con leyendas evocando el orgullo que sienten por estos héroes. Entre ellos estuvieron Maximiliano, Jimena y Nadia, los hijos de Miguel, quien aseguró: “Después de todo lo que hemos sufrido y padecido tras la guerra, ahora los chicos, ya maduros y muchos de ellos con su familia conformada, se mentalizaron de que lo que hicimos no fue inútil”.
“Nosotros estamos grandes, algunos van quedando en el camino y las secuelas de la guerra siempre están presentes, pero el homenaje y el acompañamiento de nuestros hijos es lo mejor que nos pasó en estos 30 años”, aseveró visiblemente emocionado.

Homenaje a la tripulación
Esta tarde, a partir de las 15.30, familiares de los tripulantes fallecidos en el crucero General Belgrano realizarán un homenaje en memoria de los héroes. El mismo será en el Monumento a los Caídos que está ubicado en la rotonda del Puerto Nuevo y se invita al público en general que quiera acompañar esta ofrenda. “Es un momento muy especial para nosotros”, contó Cecilia, hija del desaparecido Jorge Carlos Baiud. Además de él, los entrerrianos que fallecieron en el crucero General Belgrano fueron Gerardo Ramón Ferreyra, Héctor Ricardo Caballero, Luis Armando Gianotti, Humberto Omar Giorgi, Jorge Alberto Sendros, Carlos Daniel Vila, César Alberto Zapata y Sergio Rubén Zárate.

El recuerdo de la hija de un caído en el ataque
Cecilia, la hija de Carlos Baiud, y un emotivo recuerdo de su héroe
Jorge Carlos Baiud tenía 31 años y se desempeñaba en la sala de máquinas del crucero General Belgrano. Se estima que perdió la vida cuando uno de los tres torpedos que lanzó el submarino Conqueror impactó de lleno en su lugar de labores.
Cecilia, su hija, recordó que su mamá escuchó por la radio la noticia del hundimiento de la nave: “Yo tenía 5 años, y durante el conflicto no sabía lo que estaba pasando. Sí me enteré de lo que ocurrió con el crucero, porque escuchamos la noticia por la radio y mi mamá esa noche me dijo era que mi papá no iba a volver, que había venido un ángel a buscarlo para llevarlo al cielo con mi abuelo, que estaba muerto”.
“Empezaron las tareas de rescate, pero como se supo que el torpedo dio directo en la sala de máquinas había muy pocas posibilidades de que mi papá estuviese con vida. Y me acuerdo del día que llegaron a mi casa para avisar que no lo buscaban más porque ya no había posibilidades de encontrarlo”, indicó.
Para la familia Baiud, como para tantas otras, fue difícil hablar del tema durante estos años. “Cuando se hace referencia al término desmalvinización y de lo poco que los sobrevivientes hablan de lo que ocurrió, tengo que decir que a nosotros nos pasó lo mismo. Después, cuando fui creciendo, fui investigando, escuchando cosas, leyendo libros. Así me fui enterando de lo que significa Malvinas”, relató Cecilia, a la vez que comentó: “Mi mamá a veces nos cuenta anécdotas de cuando eran novios con mi papá, cómo se conocieron, cómo era él con la familia, pero de cosas particulares de la guerra no se hablaba mucho. Yo me imaginaba que para ella era difícil y no quería preguntarle para no ponerla mal, porque a veces el dolor es de uno y no se quiere compartir”.

Creciendo con el recuerdo
Cecilia narró que cuando iba a la escuela y se conmemoraba el 2 de Abril a través de los actos patrios “al principio no decía nada, pero después, como me emocionaba mucho y terminaba llorando, se enteraron que yo era hija de un combatiente”.
“No siempre coincide lo que te enseñan en las aulas con lo que pasó en realidad, aunque se entiende que nunca te van a enseñar lo que es la crudeza de la guerra”, agregó.
Por otra parte, afirmó: “El 2 de Abril y el 2 de mayo son dos fechas muy emotivas para mí. A medida que fui creciendo fui analizando el conflicto, pensando, y creo que la causa es justa, más allá de que se haya ido a Malvinas de una manera improvisada y un poco a la ligera para que alguien pueda mantenerse en el poder. Nosotros, los familiares de los combatientes, vamos a seguir defendiendo la causa, pero no la guerra”.
En una mezcla de emociones dijo estar “orgullosa de él” y que lo considera un héroe. “Es un ejemplo para mí, pero a la vez llevo el dolor de no tenerlo. Siempre lo extraño, sobre todo en los momentos especiales: cuando me recibí, cuando me casé, cuando nació mi hija. También en las navidades se sienten las ausencias. Son momentos en los que quisiera estar con él para compartirlos”, expresó.
Por último, mencionó: “Hay pocas fotos de él y cartas no escribió, pero tenemos sus gorras, sus trajes, sus guantes. Hace pocos años nos entregaron una bandera; también guardamos sus medallas y los diplomas que recibió cuando fue nombrado héroe de guerra. Tenemos solo esas cosas como recuerdo, pero lo más importante está en cómo lo llevamos en el pensamiento, en el corazón y en la mente”. Fuente: Diario Uno

Dejá tu opinión

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *