Una vida entregada al servicio

En su último programa, el taller de radio de adultos mayores entrevistó a una persona a quien todo el pueblo conoce, y en especial quien ha tenido un familiar enfermo o ha sido atendido en una emergencia. Un personaje que se no sabe de horarios ni compromisos, si de trabajar se trata, siempre animoso, optimista, totalmente entregado a su vocación, de atender, aconsejar y calmar el dolor de los enfermos y de sus familiares.

Como si todo esto pareciera poco, su vida es un ejemplo de trabajo. Se trata de Luis Ramón Acosta, seguramente con sólo este nombre es complicado saber de quien se está hablando, como todo pueblo chico acostumbramos a conocer a las personas por su apodo y nunca nos detenemos a preguntarnos como se llama realmente. Luis Ramón Acosta, es el popular “Gucho”, enfermero de vocación que desde siempre ha tenido un solo interés: cuidar de la salud del prójimo.

Gucho tiene una trayectoria de vida importante, “vengo de una familia humilde, que peleó durante muchos años a la vida, tuve la mala suerte de perder a mi madre de muy chico y tuve la suerte de que mis tías se hicieron cargo de mí y me criaron y educaron” relata Gucho a modo de introducción a su historia y continúa “Cuando fuimos creciendo, mis hermanos y yo comenzamos a marcar nuestro camino, la vida nos dio muchas sorpresas que gracias a Dios las fuimos salteando y hoy puedo decir que estoy contento y satisfecho por todo lo que he logrado”.

Gucho comenzó trabajando como canillita cuando tenía ocho años, y ahí fue cuando comenzó a conocer a la gente de la ciudad y a su vez el mismo se hacía conocer. “Siempre con optimismo, con buenos pensamientos para el futuro” afirma Acosta, “luego con el paso de los años, el trabajo de canillita no era suficiente para el ritmo de vida que uno pretendía llevar, entonces hablé con el patrón y le manifesté que iba a comenzar a buscar un nuevo trabajo y fue así que terminé como peón de albañil en el Sanatorio Nogoyá” cuenta con orgullo el reconocido enfermero.

Ahí en el sanatorio comenzó a conocer más gente y a escuchar muchos consejos para su vida, los cuales a todos aceptó y tuvo en cuenta para su futuro. Al ser consultado de cómo llegó a pasar de ser ayudante de albañil a enfermero del sanatorio, Gucho explica “cuando uno está en ese lugar, ve muchas cosas, presencia momentos gratos e ingratos que tocan los sentimientos de uno, yo comencé como albañil, pero siempre había un médico o una enfermera que me pedía que lo ayude a entrar un paciente, a bajar un tubo de oxígeno y así fui pasando del techo del sanatorio al interior del mismo, hasta que un día los doctores Héctor Ramón Cresta y Cesar Centurión, me llaman y me piden que comience a trabajar con ellos” y aclara que los profesionales ya lo conocían con anterioridad cuando el mismo le llevaba el diario a sus domicilios.

Ingresé al Sanatorio y de a poco fui incluyéndome en el personal, con las cocineras, las enfermeras y recuerda a enfermeras como Chichina Morel, Mirta Escudero, Blanquita Ferrari, Dina Reula, Margarita Díaz, Rosa López de Marinelli, Mirta Herber y Nilda Pavón. Como una de las experiencias que recuerda, cuenta que la cocinera Margarita Díaz siempre le tenia preparada la comida, ya sea el desayuno o el almuerzo, “ella siempre me llamaba y me decía que tenía lista mi comida” y así de a poco fui convirtiendo al Sanatorio Nogoyá en mi segunda casa.

La historia de María de los Milagros

Gucho es el protagonista y el héroe de esta historia, María de los Milagros era un bebé que ingresó ahogada al Sanatorio y fue salvada por la rápida intervención de Gucho. Al pedirle que cuente ese momento, Gucho se podría decir que minimiza la historia, aduciendo que el sólo cumplía con el deber de salvar una vida y relata “no se como pasó, ni se que hice en ese momento, después que pasa todo el momento de urgencia uno reacciona y se pone a pensar en lo que hizo, pero siempre estaré atento a lo que la gente requiera”.

Para finalizar, a modo de resumen de su vida laboral, indica “siempre me gustó lo que hice, a mi no me interesa si a mi me pagan 10, 20 o 30 pesos, para mi lo importante es ir a cumplir con mi deber y agradecer el respeto y la confianza que la gente me da. Así sean las 3 de la mañana hay que estar siempre dispuesto a ajustarse a la situación del momento, siempre dispuesto a ayudar. Soy feliz con mi trabajo, hasta donde pueda llegar con mi tarea voy a llegar”.

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